El sol calentaba las tumbonas alrededor de toda la piscina y en la playa. Una ligera brisa suavizaba un poco la sensación de "polloenelhorno" que me mantenía paralizada y casi en coma bajo la sombrilla. Mi cerebro trabajaba a doscientos por hora (sorprendente, teniendo en cuenta las altas temperaturas). ¿Dónde estaba SG ahora? ¿Por qué no había aparecido anoche? Y, sobre todo: ¿qué era lo que pensaba de mí? Habría sido bonito verle otra vez antes de irme y charlar algo más que sobre zumos, refrescos y cocktails. El calor empezaba a abrumar mi cabeza, noté como mis pensamientos iban cada vez más deprisa y a la vez más desordenados. Imaginé a SG acercándose a mi tumbona en este preciso instante, llamándome por mi nombre (tal y como lo hacía siempre) y despertándome para despedirse de mí...
Abrí los ojos por enésima vez y miré a mi alrededor. Ví la piscina en la que tantas veces me había bañado (y peleado en los partidos de waterpolo) ví la playa en la que tantas tardes había jugado al volley y que ahora se estaba llenando de gente (¿cuántas noches había soñado con volver a ese sitio) recordé las horas de entrenamiento en el beach-house (y las inmensas cantidades de agua salada que tragué en mi primera lección de waterski) miré la montaña que habíamos escalado de madrugada para ver amanecer desde la cima con la capilla blanca, giré la cabeza a mi izquierda y ví el camino que subía a aquellas rocas desde las cuales tres locos habíamos visto aquel otro amanecer un sábado por la mañana después de una larga y muy divertida noche...¿cuándo podría ver de nuevo todo esto? ¿Dentro de un año...dos o incluso seis? ¿Habría una próxima vez?
Miré al frente, donde los pocos colegas que aún quedaban del grupo se sentaban en los sofás azules. Me fui levantando lentamente, siempre luchando contra aquella sensación de "polloenelhorno" que acompañaba a uno a todas partes (sí, incluso echaría de menos eso) y que ya formaba parte de mi vida cotidiana. Ahora no era momento de pensar en el futuro (es decir, si volvía o no) o en el pasado (como por ejemplo en SG). Ahora tenía que demostrar que no sólo sabía hablar Italiano o bailar un poco de salsa o leer algo en Griego. Tenía que pensar como lo hacía la gente del Sur. Recordé el graffiti que había visto en Matala: "Welcome to Matala...enjoy the present/today, tomorrow never exists" ¿no habían escrito eso? ¿Y qué me había dicho aquel chico griego bailando en el bar? "Keep on rockin' even if you don't like the music". Bueno, muy rockera nunca fui, pero si también se podía llevar a la práctica con el hip-hop o algo semejante, ¡lo mismo conseguía un buen resultado y todo! "Don't stress..." otra sabia frase de otra gran persona. Tenía que empezar a tomar nota de los griegos.
Estaba más que claro: no iba a pasar las últimas horas de mis vacaciones amargándome. Tenía que vivir el presente. Ya habría momentos para pensar en volver aquí cuando llegase a la calurosa y nublada ciudad de Madrid, o cuando pasásemos con el coche por Os Ancares, que tanto se parecían a las montañas de los Teletubbies de los verdes que eran. Sí, también me había acostumbrado a los paisajes secos donde lo único que florecía eran los olivos.
Iba a volver. Definitivamente. Y ahora...ahora iba a disfrutar a tope de lo que me quedaba para volver así con los mejores recuerdos a casa.