jueves, 28 de abril de 2011

Lo que habría pasado si... (I)

...tan sólo se escuchaban las olas del mar a lo lejos y algunos grillos, que llenaban la noche con su sonido, tan conocido cuando se acompaña de otros ruidos, tan extraño en la soledad. Por lo demás, todo estaba en silencio. Las ventanas de las casas estaban oscuras y los pocos chavales que habían estado en la playa bebiendo acababan de marcharse.
Protegida por las sombras avancé minuciosamente, escondiéndome cada poco tras las sillas que aún quedaban allí, hacia el pequeño escenario. Enchufé el iPod con los altavoces y ajusté el volumen. Mis manos tiritaban. Probé con una canción. No parecía estar demasiado alto, nadie lo escucharía, a menos que estuviera cerca del lugar.
Lo siguiente era el calzado: saqué del minúsculo bolso negro las finas zapatillas que me acompañaban a casi todas partes. Estaban arrugadas, ya que en el bolso las tuve que apretar para que cupieran. Ni si quiera había podido llevar los calentines. Por suerte hacía calor, de modo que prescindir de ellos no iba a suponer mayor problema.
¿Qué había sido eso? Levanté la cabeza para escuchar mejor. Nada. Empecé a tiritar más. ¿No iría a echarme atrás ahora? Era consciente de que, lo que estaba haciendo era, en mayor o menor medida, una locura. Pero necesitaba hacerlo. Llevaba ya un buen tiempo acumulando cosas dentro de mí y no encontraría otro momento como este en todo el día de mañana...
Me acerqué al iPod para darle al botón del "play". Las primeras notas de la canción seleccionada sonaron tímidas, como si los músicos estuvieran a mi lado y también ellos tuvieran miedo de ser escuchados. Pero pronto se mezclaron con los demás sonidos de la noche y en seguida comencé a bailar. Poco a poco fui olvidando todo lo que había a mi alrededor. Muchos pasos eran inventados, otros pertenecían a alguna coreografía. Lo mezclaba todo, sin importar cuánta flexibilidad tenía o a qué velocidad iban mis giros. Ni si quiera me fijé si lo estaba haciendo bien o mal. Simplemente bailaba y dejaba que mi cuerpo se moviera al ritmo que sentía dentro de mí. El cúmulo de sentimientos que llevaba tiempo ahogándome, ya fuera tristeza, dolor, enfado, desesperación o confusión...todo comenzó a fluir desde mi interior hacia fuera, reflejándose así en mis pasos, dejándome respirar. Mis pies volaron y todo mi cuerpo comenzó a sentirse más ligero hasta que la música y yo éramos uno...
-¿Vienes aquí a menudo?-la voz a mis espaldas me dejó de piedra...