martes, 7 de junio de 2011

Lo que habría pasado si... (III)

-...Sí que es complicada la historia-admitió él una vez hube terminado-estoy impresionado.
Seguíamos sentados al borde del escenario. Sin embargo, ya no me sentía tan tensa. Lo había contado todo de principio a fin y él me había escuchado, interrumpiéndome sólo para preguntar detalles. ¡Uau! La que estaba impresionada era yo.
-No quisiera decir que ya te lo dije, pero es que ya te lo dije-sonreí, por primera vez en mucho tiempo-¿Sabes una cosa? No pensé que fuera tan fácil hablar contigo de todo esto...-"...y lo peor es que tenías razón: me siento mucho mejor..." quise decir pero, sin saber por qué, no me pareció momento.
-Bueno, no soy una de tus mejores amigas, pero espero que te haya servido de algo. A fin de cuentas, los dos sabemos que soy gay-me guiñó el ojo.
-¡Por supuesto!-me reí. ¡Desde luego que no lo era...!
Silencio.
-Es cierto lo que dice G-comenzó él.
-¿Qué?
-No bailas nada mal. Te he visto y...se nota que lo disfrutas.
Me puse como un tomate.
-¿Llevabas mucho tiempo ahí, verdad?
-Mucho, sí. Admito que no fue lo mismo que verte bailar en la disco.
Mi cara enrojeció más, si aún cabe. Nunca me habría imaginado que se fijaría en mi forma de bailar. Al menos no él.
-También te he visto con ese tal...¿cómo se llamaba? Ese chico tan fuerte y moreno. Se mueve muy bien.
-¿Nos...nos has visto bailar juntos? Pero...eso significa que...
-Sí, no es la primera noche que vengo aquí después del trabajo. Hace un par de días salí de una reunión y os ví ensayando. Me gustó mucho aunque lo de hoy...me dejó hipnotizado. No sé por qué...
Vaya. Ahora sí que no sabía qué decir. La primera vez que G me vio bailar me dijo: "Pero si no se te daba tan mal como creía..." Evidentemente éramos colegas y tocaba putearse a todas horas. Pero, ¿qué era esto entonces? Seguía sin saber a qué clase de ente masculino me enfrentaba.
-Sí, nos gusta mucho bailar. Me refiero a VS y a mí.
-Hacéis muy buena pareja. ¿Nunca sentistéis nada el uno por el otro?
-¡Eh! ¿Qué es esto? ¿La hora de las confesiones? ¿O acaso eres mi psicólogo?-me entró la risa, pero en seguida me puse seria-Sí, es cierto que con eso de los ensayos pasamos mucho tiempo juntos y tenemos mucho contacto. A los dos nos gusta bailar y se nos pasan las horas volando cuando nos ponemos a ello. De hecho, nunca conocí a nadie que disfrutara tanto bailando como yo. Pero te aseguro que, por muy guapo o por muy buena gente que sea, no siento nada más que amistad. ¿Más preguntas?
-Creo que no-esta vez rió él.
De pronto me acordé de algo-¿Y tu mochila?-pregunté.
-¡Bah! Ya aparecerá mañana. Para lo que queda de noche...creo que me quedaré a dormir en la playa. ¿A cuánto estamos decías? ¿Treinta grados?
-¡Vamos a buscarla!-reí de nuevo. Por alguna razón estaba animada. Aquel nuevo propósito, por muy tonto que pudiera parecer, me había puesto las pilas. Era cierto que sólo se trataba de una simple mochila, pero al menos ya tenía una meta. Y, por muy pequeña que fuera, ya era un comienzo, ¿no? Además, era lo menos que podía hacer por aquel extraño amigo. O lo que fuera.
Nos pusimos en pie y comenzamos la búsqueda. Rastreamos toda la zona del escenario, los camerinos y las sillas del restaurante, hasta llegar al bar. Abrimos la puertecita y...
-¡Ay, lo sabía!-exclamó él llevándose las manos a la cabeza. Acto seguido levantó la dichosa mochila del suelo-¡La dejé junto a la entrada y aún así me la olvidé! ¡Vaya desastre!
Cerramos el bar entre carcajadas y caminamos hacia la playa.
-¿Cómo vas a casa? ¿Quieres que te acerque en moto?
-¿Tienes otro casco?-siempre me pregunté por qué los chicos solteros de las comedias americanas tenían un segundo casco, justo cuando necesitaban llevar a la chica de sus sueños a casa.
-Eh...lo cierto es que no...
¡Ja! Lo había imaginado. La realidad era que no estábamos en América y que esto no era una comedia ni una película si quiera. Ni yo era la chica de sus sueños, claro.
-Tranquilo, voy andando. Ya te dije que hace muy buena noche.
-Pues te acompaño. ¿No querrás que te rapten? Puedo dejar aquí la moto.
-¡Eh, no necesito que me acompañen! Para tu información: sé cuidarme yo solita.
-Ya, esa frase me suena...-suspiró-Está bien. Entonces...¿qué te parece si damos un paseo que, por casualidad, termina en tu portal?
-Ya, claro. Que te lo has creído.
-No, en serio. Quiero enseñarte algo.
Volví a reflexionar. Lo cierto es que lo del paseo era original. Además me gustó el detalle de "termina en tu portal". Eso significaba que me acompañaba porque se preocupaba por mí, pero a la vez me respetaba.
-Tú ganas-le guiñé el ojo-Aunque...¿no irás a secuestrarme?
-Hm...deja que lo piense...creo que no.
-¿Matarme?
-Tampoco.
-¿Violarme?
-¡Eh! ¿A dónde vas? ¿En serio crees eso de mí?
-Vale, vale, ya me callo...
Volvimos a quedarnos sin conversación. ¿Por qué unas veces podía hablarle de mis problemas y otras me quedaba en blanco? Como bien ya había dicho él, no es que tuviéramos mucha confianza, ya que últimamente habíamos estado muy distantes. Pero precisamente me había distanciado para evitar este tipo de incomodidades...
-Eres muy rara, ¿sabes? Siempre me llamaste la atención, por comportarte de una forma...diferente.
Genial. Muy oportuno. Gracias. Justo el tema que más me descolocaba. ¡Lo que me faltaba! Otra de las razones por las que me sentía incómoda era que no tenía ni idea de cómo funcionaba esta persona: no sabía lo que pensaba, no reaccionaba a mis comentarios de la forma esperada (como otros chicos) ni habíamos aclarado nunca si éramos colegas, amigos o...en fin, hasta la fecha siempre tuvo un comportamiento tan cambiante como el tiempo en abril. Existían momentos de flirteo, como aquella vez en la discoteca, otros de amistad, como hasta hacía un rato, y otros, como el de ahora, en los que me decía cosas como la que acababa de decir y...
-¿Diferente?-decidí interrumpir mis propios pensamientos, más que nada para evitar comerme la olla por completo.
-Sí, pero para bien-aseguró rápidamente.
-Ya, así que para bien...-¿Cuántos chicos habían usado ya esa táctica anticuada para acercarse a mí de la forma más rastrera posible? ¿Por qué volver a caer? Debió de darse cuenta de lo que me rondaba por la cabeza, porque esta vez fue él quién interrumpió mi comedura de coco.
-Te lo puedo demostrar-paró en seco y me volvió a mirar de esa forma tan...particular-Cuando te pregunté si estabas saliendo con VS, aparte de la pequeña broma del principio, me respondiste con la mayor naturalidad del mundo.
-Ya. ¿Y?
-Cualquier otra persona querría saber por qué hice esa pregunta. Alguna gente incluso se habría reído de todo eso.
Sentí el impulso de sonsacarle aquella información. Necesitaba saber qué había detrás de esa pregunta. Sin embargo me limité a decir:
-¿Por qué iba a hacer eso? Es cierto que me picó la curiosidad, pero cada uno tiene sus razones y, de haber querido, ya me lo habrías contado, ¿no?
-¿Lo ves?
Tenía razón. Continuamos paseando y surgió otro silencio, aunque no por mucho tiempo.
-Tampoco me preguntaste tú por qué me distancié tanto. ¿No viene siendo lo mismo...?