miércoles, 18 de enero de 2012

¿Qué es peor: desconocido o...alemán?

Hace un par de noches...
...la música sonaba cada vez con más volumen, haciendo imposible cualquier tipo de conversación normal. El antro se llenaba con más y más gente. Gente que bebía sin parar. Gente que, en lugar de bailar, empujaba. El chico de en frente se acercó. Llevaba unas muletas.
-Perdón, ¿está libre?-hizo un gesto hacia el sofá. Vacío.
-Bueno, ¿tú ves que esté ocupado?
-Jejeje...¡qué gracia!-me rió la bromita mientras tomaba asiento a mi izquierda.
Le ayudé a colocar las muletas a un lado a la vez que me preguntaba por qué un tío lesionado quería pasar la noche en un bar donde la gente sólo bailaba hip-hop. Mi incomprensión llegó a sus límites cuando, en menos de un minuto, el chaval se levantó de nuevo para reunirse con sus amigos.
-Ya he vuelto-el individuo de pelo ondulado, llamémoslo D, se sentó a mi derecha. Repetimos el beso de antes.
-¡Esto cada vez está más lleno!-puse los ojos en blanco. La verdad estaba agradecida de que D me hubiera sacado de aquella muchedumbre (aunque eso significaba tener que estar sentada en aquel sofá...¡ugh!) De no haber sido así, probablemente acabaría la noche como una versión aplastada de Keira Knightley en sus tiempos más anoréxicos.
-Bueno, si quieres podemos irnos-ofreció D.
¿Irnos? No estaría mal. Morrearnos en un patio a media luz durante una o dos horas más, tal vez. Pero era consciente del país y del tipo de fiesta en el que me encontraba...
-Nooo...si estamos muy bien aquí-mi sonrisa no pudo ser más falsa.
-Pero también podríamos divertirnos fuera. Ya te he dicho que vivo muy cerca de aquí-insistió.
-Sí, y yo ya te he dicho que no soy ese tipo de chica.
El de muletas tropezó con nosotros. Nos disculpamos (aunque su borrachera no fuera culpa nuestra) y conseguimos sujetarle antes de que se cayera. Una vez en pie empezó a insultarnos, terminando su discurso con un precioso corte de manga. Luego desapareció meneando el trasero.
-¿Ves a lo que me refiero?-D me miró-No me creo lo de su lesión. Seguro que sólo trajo las muletas para vacilar.
-¿Tú crees?-otro beso.
-Sí. Es por eso que deberíamos ir a otro sitio. En mi casa estaríamos bien.
Uff. ¡Qué pesado! Seguimos liándonos. No es que besara mal...me aparté y dejé rondar mi vista por el bar. Traté de encontrar una solución, una excusa. Lo que fuera para salir de aquí. Me había equivocado. Las cosas eran muy diferentes aquí que en...el propósito de la noche no era liarme con un tío cualquiera, como hacían otras. El propósito era librarme de él cuanto antes.
-¿Te pasa algo?-me cogió por la barbilla para acercar mis labios a los suyos. Habría amado ese gesto en muchos chicos, lo admito. Y esos besos...¡eran geniales! Sólo...carecían de algo. Mientras seguíamos a "lo nuestro" (por ponerle algún nombre) se me ocurrieron al menos 3 chicos a los que desearía haber besado en su lugar. Porque un beso es una muestra de cariño hacia el otro, se supone. Así que...¿por qué hacerlo con un desconocido? ¡Si ni siquiera le importaba! ¿O acaso esperaba una respuesta a su última pregunta?
¿Y qué había pasado conmigo? No solía hacer esto. ¿Dónde estaba mi carácter? ¿Mi fuerza? Este tipo de cosas no iban conmigo. Nunca me habían gustado, ni me gustarían, por mucho que lo intentase.
-Oye, he de irme, estoy cansada.
-¿Vives lejos? Sinó ya sabes que puedes quedarte conmigo.
¿Y despertar sin ropa mañana? No, gracias. Busqué una versión más diplomática de la respuesta que estaba pensando.
-Verás, mañana tengo un montón de cosas por hacer, así que sería conveniente que amaneciera en mi casa. Además, aunque sé que estás sobrio, te repetiré que no soy esa clase de chica. Será mejor para los dos que me vaya. Tal vez encuentres a alguna que todavía no esté del todo...ya sabes. Que tengas suerte.

El paseo a casa fue impresionante. No es ironía. Ya no quedaban líneas que me pudieran acercar ni hasta la estación de trenes, pero probablemente fuera más productivo para pensar. No es que me guste pasear. Sin embargo, debo admitir que siempre viene bien tomarse un tiempo de reflexión cosa que, después de lo ocurrido, me hacía mucha, mucha falta.
Al principio pensé en D. Claro, no había estado mal. Chico besa a chica en una fiesta llena de universitarios borrachos. Uau. Impresionante. Recuerdo que, en mis tiempos de pringadilla adolescente de la clase, siempre quise parecerme a las más guays del instituto. ¿Quién no? Ahora sabía cómo vivían ellas. De fiesta en fiesta, rodeadas de "gente guapa", tomando una copa aquí y allá. ¡Qué guay! Ya. Claro. Pero...¿era feliz? ¡Ni de broma!
Por fin había madurado. Al menos en ese aspecto. Supe que, por muy complicada que fuera, jamás querría cambiar mi vida por la de ninguna de ellas. Eso sí, la felicidad que traía consigo el pequeño logro, pronto se vio a la sombra de una incómoda pregunta: ¿¿¿y para eso tuve que liarme con un alemán desconocido???