El otro fin de semana, no recuerdo si fue el sábado o el domingo (creo que lo segundo) tuvimos nuestro primer diálogo mudo. Tardé unos segundos en darme cuenta de que no habíamos intercambiado palabra, sin embargo nos lo habíamos dicho todo. Fue una extraña mezcla: un sentimiento de felicidad y plenitud, interrumpido por un "...eh, ¿qué acaba de pasar, qué fue eso...?" Recuerdo perfectamente que aún podía "escuchar" las últimas palabras de dicha conversación en mi mente, cuando me percaté de que ese "sonido" era imaginario, pues ninguno habíamos abierto la boca para hablar.
Parecerán minucias, pero me gustaría que esa conexión, si de verdad existe, creciese, haciéndose cada día un poco más fuerte. Pues no hay nada más bello que encontrar a un cómplice, un amigo, un compañero para toda la vida.