...desde entonces no logró sacarse aquella melodía de la cabeza. Resonaba en su mente una y otra vez hasta que empezó a creer que era una maldición. Quería despegarse de ella pero, a la vez, tenía miedo de perderla. Necesitaba gritar, cantarla allá por donde pasaba, hasta que todos los habitantes de la ciudad la hubieran escuchado. No era capaz de comer ni de sonreír si quiera. Pasaron años hasta que las imágenes de aquella noche dejaron de invadir sus sueños. Fue entonces cuando se dio cuenta de que se había enamorado...
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