(De nuevo el ambiente está cargado. Esta vez por la devolución del reciente control. Profe, valiente como nadie lo negará, intenta domarnos y seguir con un ritmo normal, dentro de lo que cabe. Es la hora del Contrapunto: imitaciones...)
U: (echando humo por la cabeza después de más de una hora de clase) Pues no sé dónde ves tú la imitación, Profe. Yo no lo entiendo...
S: ¡Ay! De verdad, U ¿cómo puedes tener tan poca...PERSPECTIVA MUSICAL?
jueves, 18 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Martes, 9 de Noviembre, 5º GP - clase de ánalisis...
(Tras nuestro primer control en la nueva asignatura, las hormonas y la adrenalina están a flor de piel. Los comentarios vuelan por la clase: algunas caras reflejan triunfo, otras decepción y otras...)
Profe: (interrumpiendo) Bueno, ya está bien. Hay que seguir dando la clase, que sinó perdemos el ritmo. Ya vamos muy atrasados. A ver, las modulaciones, a veces, pueden determinar la forma de una obra, es decir, si es una sonata, etc. Si por ejemplo tengo cuarenta compases en Do M, cuarenta compases en La m, otros cuarenta en Fa M y, de nuevo, cuarenta en Do M, ¿qué es eso?
S: (horrorizado) ¡¡¡Eso es un horror!!!
(Risas)
(Profe comienza a hablar de armonía, ritmo armónico y otros detallitos preciosos que nuestros antepasados nos dejaron para hincar los codos en la mesa - o las manos en el piano, según se mire...)
Profe: ...aquí tendríamos Eb7...
X: (a mi lado y por lo bajo) ¡Tocado y hundido!
Yo: (por gracia o por desgracia la única que oyó el chiste) Pfff...jajaja!!!
S: Mira la otra, se ríe sola, más feliz ella...
(La clase se va descolocando a base de risas)
(Más tarde, Profe pasa a hablar de otros temas, cada cual más agradable...)
Profe: (refiriéndose a hechos históricos) ¿Cuándo se empezó a estudiar la Edad Media y el Gregoriano?
Yo: (creyendo que se refiere a cierto maestro de Historia de la Música, que sabe de todo excepto resumir) ¡Este curso!
(Desfase completo)
Profe: (interrumpiendo) Bueno, ya está bien. Hay que seguir dando la clase, que sinó perdemos el ritmo. Ya vamos muy atrasados. A ver, las modulaciones, a veces, pueden determinar la forma de una obra, es decir, si es una sonata, etc. Si por ejemplo tengo cuarenta compases en Do M, cuarenta compases en La m, otros cuarenta en Fa M y, de nuevo, cuarenta en Do M, ¿qué es eso?
S: (horrorizado) ¡¡¡Eso es un horror!!!
(Risas)
(Profe comienza a hablar de armonía, ritmo armónico y otros detallitos preciosos que nuestros antepasados nos dejaron para hincar los codos en la mesa - o las manos en el piano, según se mire...)
Profe: ...aquí tendríamos Eb7...
X: (a mi lado y por lo bajo) ¡Tocado y hundido!
Yo: (por gracia o por desgracia la única que oyó el chiste) Pfff...jajaja!!!
S: Mira la otra, se ríe sola, más feliz ella...
(La clase se va descolocando a base de risas)
(Más tarde, Profe pasa a hablar de otros temas, cada cual más agradable...)
Profe: (refiriéndose a hechos históricos) ¿Cuándo se empezó a estudiar la Edad Media y el Gregoriano?
Yo: (creyendo que se refiere a cierto maestro de Historia de la Música, que sabe de todo excepto resumir) ¡Este curso!
(Desfase completo)
martes, 16 de noviembre de 2010
Un domingo estupendo...
Ya se acercaba cada vez más el frío. Me di cuenta cuando, después de dejar las llaves en el escritorio de mi habitación, me saqué el anorak y las botas gruesas.
Había sido un día precioso: por la mañana mucho trabajo y concentración en coro (a pesar de ser domingo) y por la tarde aquel reencuentro tan maravilloso. Parecía cierto: cada vez que una puerta se cerraba o que algo en mi vida llegaba a su fin, aparecía una novedad. Esta vez había sido más bien un reencuentro con viejas amistades. Pero, a pesar de que era gente ya conocida, nunca había cerrado del todo ese capítulo. Este domingo tenía algo mágico. No supe decir si era por el Samaín, el reencuentro con viejos amigos o simplemente la lluvia que caía despacio y fría, cubriendo las calles cual fino manto de otoño.
¿Qué hacer primero? ¿Ponerme las zapatillas de danza? Pero...¿sin música? Enchufé el iPod a la mini-cadena (sí, aunque parezca mentira, no tengo altavoces propios para el pobre chico) y acto seguido la habitación se llenó de energía positiva. Nada más ponerme las zapatillas comencé a dar vueltas y vueltas, con los brazos abiertos, como si fuera a abrazar a alguien. Me sentía tan ligera que parecía que en cualquier momento iba a despegar y volar por los aires...
Canté alegremente, mientras mis pies seguían el ritmo de la canción. Sí, tal vez aún era una niña, pero al menos era humana, sabía lo que quería, me defendía y luchaba por ello. Y, lo más importante: era total y completamente feliz. ¿Qué más podía pedir?
Había sido un día precioso: por la mañana mucho trabajo y concentración en coro (a pesar de ser domingo) y por la tarde aquel reencuentro tan maravilloso. Parecía cierto: cada vez que una puerta se cerraba o que algo en mi vida llegaba a su fin, aparecía una novedad. Esta vez había sido más bien un reencuentro con viejas amistades. Pero, a pesar de que era gente ya conocida, nunca había cerrado del todo ese capítulo. Este domingo tenía algo mágico. No supe decir si era por el Samaín, el reencuentro con viejos amigos o simplemente la lluvia que caía despacio y fría, cubriendo las calles cual fino manto de otoño.
¿Qué hacer primero? ¿Ponerme las zapatillas de danza? Pero...¿sin música? Enchufé el iPod a la mini-cadena (sí, aunque parezca mentira, no tengo altavoces propios para el pobre chico) y acto seguido la habitación se llenó de energía positiva. Nada más ponerme las zapatillas comencé a dar vueltas y vueltas, con los brazos abiertos, como si fuera a abrazar a alguien. Me sentía tan ligera que parecía que en cualquier momento iba a despegar y volar por los aires...
Canté alegremente, mientras mis pies seguían el ritmo de la canción. Sí, tal vez aún era una niña, pero al menos era humana, sabía lo que quería, me defendía y luchaba por ello. Y, lo más importante: era total y completamente feliz. ¿Qué más podía pedir?
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)