miércoles, 7 de agosto de 2013

Y no me importa naadaaa...

 Nada más entrar en la escuela me cruzo con ella. Va monísima de la muerte y acompañada de un chico, para variar. También es mala suerte: tanto tiempo que no vengo aquí y el día que recupero voz y me quiero poner a estudiar, justo me tengo que encontrar con la persona a la que no tenía por qué ver necesariamente.
 Sonreí. De alguna forma no me molestaba. De alguna forma no sentía la obligación de tener que saludarles para empezar una conversación estúpida y trivial, porque de alguna forma (y por primera vez en mucho tiempo) no envidiaba a esa chica. Todo lo contrario: pobrecita. Sí, era más que mona, ¡era guapísima! Tenía un cuerpo casi perfecto (desde el punto de vista de una modelo, cosa que tampoco gusta siempre a todo el mundo) y, salvo alguna ida de olla, vestía bastante bien. Pero nada de eso sería eterno.
 Recordé la vez que esa misma chica se tomó tantas molestias en ayudarme a preparar mi primer examen de HM. Yo no daba ni una, pero ella seguía con mis apuntes, paciente. Recordé también la vez que me arrastró fuera de la escuela para que por fin desconectara después de pasarme horas y horas estudiando el piano. ¡Aquella chica sí era maja!
 ¿Qué había ocurrido con ella? Corrijo: ¿qué le había hecho la muñequita guarrona que ahora se balanceaba (y digo esto porque ni sabe andar bien) en plataformas por los pasillos y sólo me dirigía la palabra cuando le convenía? Pensé en lo que P. había dicho de ella: "...es muy guapa, pero siempre tengo la sensación de que todo lo que hace es para un público, como si se estuviera moviendo en escena constantemente..." 
 No había mejor forma de describirlo. Ni yo misma sabría ponerle palabras a ese "algo" tan artificial que veo cada vez que la miro. ¿De verdad se transformó tanto en tan pocos meses? ¿O es que siempre fue así? Tal vez nunca me fijé bien...en cualquier caso me dio pena. He conocido su lado bueno por un tiempo limitado y estaba egura de que seguía ahí, en alguna parte.
 Y lo más importante era que ya no sentía la necesidad de caerle bien.
 Ni a ella ni a él.¿Que me escribía para quedar? Bueno, ya veríamos. Por el momento había hecho planes con mis amigos y mi familia y no pensaba moverlo todo por pasar un par de horas con él. Estas últimas semanas habían sido muy buenas para pensar y, por poco que me gustaba, había llegado a la conclusión de que pasar mucho tiempo con este chico no me convenía demasiado...

 Hoy es uno de esos días en los que llego al piso por la tarde/noche y estoy de buen rollo. Ni tengo muy claro por qué. Simplemente sonrío por alguna chorrada del pasado que me ha hecho gracia y tarareo algunos fragmentos de "Keep on singing my song" de camino al apartamento. Mis 24 metros cuadrados llenos de decoración alegre me esperan. La compra está hecha y fresquita en la nevera. Ha llovido, de modo que esta noche ya no tendré que achicarrarme en la cama. Debería preparar hoy el postre ese tan complicado...o preparar las coreografías...o lavar la ropa...o no hacer nada de eso. Pues hoy también es uno de esos días en los que no tengo por qué hacer ninguna de las tareas anotadas en aquella lista que parece interminable. Hoy es uno de esos días en los que vivo sin molestar para no ser molestada.


 Al principio me dolió pensar que no debía verle tanto. Sin embargo, en estos momentos, me siento fuerte, independiente. Siento que mi vida es perfecta, con todos sus feos y baches, incluso pringando aquí el verano entero. Y de nuevo he notado que no vale la pena estropear esa perfección por un lío tonto o por un rollete, ¡ni con el chico más guapo del mundo! He llegado al mismo punto al que había llegado hace un año. Y eso me enorgullece, pues eso sólo puede siginificar una cosa: ¡¡¡he vuelto a ser yo misma!!!

 Prepararé unas tortas y unas tostadas para cenar. ¡¡Hoy toca mimarse!!

No hay comentarios: