martes, 24 de diciembre de 2013

A casa por Navidad...

...por suerte todo parecía ir bien. No había nieve, la maleta pesaba 14,3kg y tampoco tuvieron que cachearme pasando el control de seguridad. ¡Ojalá se moviera la maldita fila! La falta de sueño me estaba matando "...como no se den prisa, me dormiré aquí de pie, haciendo honor a la fama de mi ciudad..." pensé.

 Traté de entretenerme observando lo que me rodeaba. A mi izquierda, una tienda con productos de belleza a precios más que dolorosos. A mi derecha, una pseudo-cafetería casi vacía (a estas horas, ¡no era de extrañar!) con bocadillos y dulces que, nada más verlos, me quitaban el hambre y no sólo porque fueran caros precisamente...¿quién querría comer algo así?

 Tienda...cafetería...tienda...cafetería...tienda...cafetería...la fila seguía sin moverse. Anda, ¡si había una pantallita ahí arriba! A ver que ponía...ajam...varios vuelos que salían casi a la misma hora que este (si es que nos movíamos algún día, porque a este paso...) en general, destinos muy comunes: España, Inglaterra, Kaunas...¿Kaunas? ¿Dónde estaba eso? ¡Vaya ignorante que estaba hecha! Más me valía buscarlo en cuanto llegara a casa "...seguro que todo el mundo lo sabe, eso me pasa por burra..." me regañé.

 ¿En África? Fue lo primero que se me ocurrió. Tal vez porque empezaba por "K" como Kenia. Además el nombre sonaba a "sitiodondehacemuchocalor" aunque esto más bien se debía a que rimaba con "saunas"

 Kaunas...saunas...Kaunas...saunas...Kaunas...saunas...Kaunas...saunas...Kaunas...saunas...Kaunas...saun...

 ...definitivamente necesitaba dormir más.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Empezando el mes de las Fiestas...

...y sangrando otra vez. Vaya si me hacía ilusión salir un rato: primero al teatro, luego a una fiesta...y por un corte a lo tonto todo se fue a la porra. Gracias a C esta noche de sábado se convirtió en una velada relajada entre amigos, con cenita y risas incluídas :)
Nueva nota mental 1: debería tomarme las cosas con más calma, por muy justa que ande de tiempo.

Nueva nota mental 2: a partir de ahora todas las cuchillas de mi neceser llevarán el plastiquito pegado.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Una verdad como una catedral...

 Ya que los días están cada vez más fríos y llevo una temporada muy loca de trabajo, he decidido pasar el día en casa y empezarlo con una película que llevaba deseando ver desde hace años.
 "Sucedió en Manhattan" puede ser una ñoñada de lo más grande. Sin embargo, ya hacia el final de la historia, me topé con una frase tan verdadera como bien formulada, de modo que la colgaré como cita textual, sin cambiar siquiera una letra:

"...lo que hacemos (...) no define quienes somos. Lo que nos define es cómo nos levantamos después de caer..."

sábado, 10 de agosto de 2013

Karma...

...más de uno recibirá un buen golpe en esta vida. No seré yo la repartidora, pero tampoco seré yo quien le ayude a levantarse...

miércoles, 7 de agosto de 2013

Y no me importa naadaaa...

 Nada más entrar en la escuela me cruzo con ella. Va monísima de la muerte y acompañada de un chico, para variar. También es mala suerte: tanto tiempo que no vengo aquí y el día que recupero voz y me quiero poner a estudiar, justo me tengo que encontrar con la persona a la que no tenía por qué ver necesariamente.
 Sonreí. De alguna forma no me molestaba. De alguna forma no sentía la obligación de tener que saludarles para empezar una conversación estúpida y trivial, porque de alguna forma (y por primera vez en mucho tiempo) no envidiaba a esa chica. Todo lo contrario: pobrecita. Sí, era más que mona, ¡era guapísima! Tenía un cuerpo casi perfecto (desde el punto de vista de una modelo, cosa que tampoco gusta siempre a todo el mundo) y, salvo alguna ida de olla, vestía bastante bien. Pero nada de eso sería eterno.
 Recordé la vez que esa misma chica se tomó tantas molestias en ayudarme a preparar mi primer examen de HM. Yo no daba ni una, pero ella seguía con mis apuntes, paciente. Recordé también la vez que me arrastró fuera de la escuela para que por fin desconectara después de pasarme horas y horas estudiando el piano. ¡Aquella chica sí era maja!
 ¿Qué había ocurrido con ella? Corrijo: ¿qué le había hecho la muñequita guarrona que ahora se balanceaba (y digo esto porque ni sabe andar bien) en plataformas por los pasillos y sólo me dirigía la palabra cuando le convenía? Pensé en lo que P. había dicho de ella: "...es muy guapa, pero siempre tengo la sensación de que todo lo que hace es para un público, como si se estuviera moviendo en escena constantemente..." 
 No había mejor forma de describirlo. Ni yo misma sabría ponerle palabras a ese "algo" tan artificial que veo cada vez que la miro. ¿De verdad se transformó tanto en tan pocos meses? ¿O es que siempre fue así? Tal vez nunca me fijé bien...en cualquier caso me dio pena. He conocido su lado bueno por un tiempo limitado y estaba egura de que seguía ahí, en alguna parte.
 Y lo más importante era que ya no sentía la necesidad de caerle bien.
 Ni a ella ni a él.¿Que me escribía para quedar? Bueno, ya veríamos. Por el momento había hecho planes con mis amigos y mi familia y no pensaba moverlo todo por pasar un par de horas con él. Estas últimas semanas habían sido muy buenas para pensar y, por poco que me gustaba, había llegado a la conclusión de que pasar mucho tiempo con este chico no me convenía demasiado...

 Hoy es uno de esos días en los que llego al piso por la tarde/noche y estoy de buen rollo. Ni tengo muy claro por qué. Simplemente sonrío por alguna chorrada del pasado que me ha hecho gracia y tarareo algunos fragmentos de "Keep on singing my song" de camino al apartamento. Mis 24 metros cuadrados llenos de decoración alegre me esperan. La compra está hecha y fresquita en la nevera. Ha llovido, de modo que esta noche ya no tendré que achicarrarme en la cama. Debería preparar hoy el postre ese tan complicado...o preparar las coreografías...o lavar la ropa...o no hacer nada de eso. Pues hoy también es uno de esos días en los que no tengo por qué hacer ninguna de las tareas anotadas en aquella lista que parece interminable. Hoy es uno de esos días en los que vivo sin molestar para no ser molestada.


 Al principio me dolió pensar que no debía verle tanto. Sin embargo, en estos momentos, me siento fuerte, independiente. Siento que mi vida es perfecta, con todos sus feos y baches, incluso pringando aquí el verano entero. Y de nuevo he notado que no vale la pena estropear esa perfección por un lío tonto o por un rollete, ¡ni con el chico más guapo del mundo! He llegado al mismo punto al que había llegado hace un año. Y eso me enorgullece, pues eso sólo puede siginificar una cosa: ¡¡¡he vuelto a ser yo misma!!!

 Prepararé unas tortas y unas tostadas para cenar. ¡¡Hoy toca mimarse!!

domingo, 28 de julio de 2013

Ay, las fiestas familiares...

 Vaya agobio: entre el calor, el cansancio y la afonía, lo que más apreciaría en este momento es permanecer tranquilita, leyendo un libro sobre la cama de la habitación. Es una lástima que, con lo que me gusta estar con gente, justo hoy sea uno de esos días en los que preferiría estar sola. Sin embargo, estos eventos sólo se dan contadas veces. De modo que, por no hacer el feo, tendré que bajar en breves. Eso sí ¡no sin una buena duchita!
 La sala de abajo ya está llena de ancianos, la mayoría parientes lejanos que, en parte, me suenan. Junto a ellos, otros tantos ancianos que ni son parientes cercanos, ni me suenan.
 -¿Quién más falta? Aún hay sitios libres-hermana siempre tan curiosa.
 -Faltan los tíos C&C y la prima, que seguramente llegue en moto.
 ¡Ah, sí! Siempre admiré a esa mujer. No pasan ni diez minutos y ya la vemos llegar: guapa, rubia y algo despeinada, con una buena porción de piercings, pendientes y tatuajes. No le llega ya con ser lo bastante hippie como para sumarle al vestido negro de fiesta unas chanclas. ¡Increíble! Cinco años que no la veo y sigue igual. Normalmente con el tiempo, la gente se vuelve algo más tranquila, casi diría aburrida. No es su caso.
 -¿Qué, ahora trabajas de apuntadora?-pregunta tras comentar lo de mi afonía.
 Estaba claro que esa imagen tan peculiar sólo podía ir acompañada de una personalidad extrovertida, alegre y de lo más divertida.
 -Yo tuve a las niñas con tu edad, así que ya estás espabilando, ¿eh?
 -Si me mandas a uno que cunda, yo te las fabrico y tenemos trato. Es que los que conocí hasta ahora...
 -...ya, yo estoy en las mismas. ¡A mí tampoco me cundió ninguno hasta ahora!
 Pensándolo bien, no me sorprende nada que siga sin pareja: una madre soltera con ese físico, los tatuajes, los piercings, las motos y un carácter atrevido y tan sincero...para los machos que andan sueltos hoy en día ¡¡¡es demasiada mujer!!!

lunes, 22 de julio de 2013

Fin de semestre...

17h05
 No sé qué hago aquí. Sí, el piano es realmente bueno. Pero hay muchos pianos buenos en toda la escuela. En serio, ¿qué hago aquí? Tal vez EPLEH tenga razón y sea cierto que me gusta sufrir. A fin de cuentas fue esta la sala en la que...
 ...pero también fue esta la sala en la que me refugié más de una vez para evadirme al sonido dulce del maravilloso piano. Tal vez no me guste sufrir, sinó que simplemente estaba buscando de nuevo un refugio. Tal vez. Pero sólo tal vez...
 ...o puede que un poco de ambas cosas...
 ¿...refugio de qué? ¿Del bochorno? ¿De la gente y del mundo en general? O...¿de...mí misma?
 También en este caso creo que un poco de todo. Últimamente me rondan muchas cosas por la cabeza, pero creo que es esto último lo que realmente me preocupa. No sé si ya es de antes o si se debe a la falta de exámenes, pero sé con certeza que desde anoche no paro de comerme la olla. Vamos, que si ya venía de antes ¡la cosa se fue agrandando (junto a mis picaduras de mosquito) descomunalmente en las últimas horas! Y lo peor de esta comedura de olla es que no sabría si quiera describir el descontento producido por la situación. A su vez, esto me crea otra comedura de olla, formando así un bucle de más de lo mismo...en otras palabras: mi mayor problema es no saber cuál es mi problema (disculpen las redundancias...) de modo que me pondré manos a la obra:

1. ¿Qué me ocurre? 
Me siento incómoda.
2. ¿Por qué? 
No lo sé. Tal vez porque estoy dudando.
3. ¿Dudando? ¿De qué o de quién? 
De la gente...de todo...de mí misma. Sobre todo de mí misma.
4. ¿En qué aspecto o aspectos? 
En cuanto a la gente: no sé muy bien de quién fiarme. Están los de siempre, claro. Pero están lejos. Me refiero más bien a los que me rodean. ¿Hasta qué punto puedo contar con ellos? ¿Hasta dónde irían? ¿Harían lo mismo por mí que yo por ellos?
Y bueno, esto me lleva a mi propia persona: para ser alquien que suele tener muy claro lo que quiere me siento extrañamente desorientada. ¿Hasta dónde iría yo por ellos? ¿Cuánto aguantaré lo que sea que hay que aguantar? Después de tantos tropezones y más caídas...¿seré más fuerte de lo que creía? Y ellos...¿saben que soy más frágil de lo que aparento?
5. Entonces...¿la solución final sería no fiarse de nadie? 
Puede. Creo que esa es mi gran duda (o una de ellas) sin embargo, también he aprendido a disfrutar algunos momentos, sin pensar en lo que puede venir después. Pero...¿cómo disfrutar plenamente de ciertas cosas cuando a una siempre le acompaña la misma desconfianza, el constante miedo de volver a caer al vacío?


17h43
 Conclusión: confiar más en mí misma y no precisamente através de la compañía de los demás, sinó por mis propios medios. Ya lo dijo Rilke: la soledad es buena. Si necesito de esa compañía (y fiarme) de los que me rodean para aumentar mi propia confianza, mal vamos. Lo primero es confiar en una misma (cosa que en mi caso ya es todo un reto...) independientemente de lo que suceda con el resto.

 Puede que esto tenga un toque un tanto esquizofrénico, pero ayudar ayuda. No importa lo perdida que esté en el camino. Ni si quiera importa que de momento tal vez no haya camino. Lo que importa es que no lo cree basándome en las vidas y en los plaens de otros, sinó en lo que yo quiera hacer. ¿Que por ahora no lo sé? No importa. ¡A tirar pa'lante, que ya todo se dirá!

 Tengo la sensación de que de alguna forma, viniendo aquí, me he sacado una espinita de hace tiempo...o al menos una de ellas...

domingo, 2 de junio de 2013

Aprendiendo a decir que no...

Vaya, ya pasaban las cinco de la mañana. ¡Cómo odiaba llegar a casa cuando amanecía! Y más esta vez, que mi intención había sido volver antes para aprovechar bien el festivo.
 No obstante, había sido una gran noche. El cumpleaños, la música en directo, la gente...
 ...la gente. ¿Por qué me habían preguntado tantas veces si estaba bien? ¿Tan mala cara tenía? Esa parejita de la mesa de allá...el camarero que pasaba de largo...todas ellas personas que no conocía de nada y que tampoco tenían que ver entre ellas. Y aún así, todos me hacían la misma pregunta.
 Claro que estaba agotada. A fin de cuentas, llevaba casi 24 horas sin dormir, trabajando sin parar de día, para después quemar la noche bailando. ¡Y luego todo ese apelotonamiento! Me hizo recordar por qué adoraba estar a solas de vez en cuando. Siempre aprecié esos momentos en los que podía entretenerme con un buen libro, una película o haciendo manualidades. Necesitaba urgentemente un día así, pero sabía bien que mañana (o, mejor dicho, hoy) no iba a ser uno de ellos. Vamos, con mucha suerte, despertaría a tiempo para estudiar, entregar las partituras a B. y, tal vez, realizar alguna tarea de casa.

 Vecino y yo entramos a la vez en el edificio. ¡Menudas las horas a las que llegaba él también! Pero iba a hablar yo...
 -Vaya juerga, ¿no?
 -Lo mismo digo. Estuve en un club de aquí. ¿Y tú?
 -Pasé la noche bailando. Fue genial, pero voy a reventar.
 -Todavía me queda algo de mi batalla épica en la bocatería...¿lo quieres?
 -No, gracias. También y me tomé un bocata. Buenas noches.
 -Buenas noches.
 Nada más entrar, me deshice de toda mi vestimenta, pegada con sudor al cuerpo. ¡Qué ganas tenía de ducharme y de meterme en mi camita! No había nada como un buen chaparrón de agua caliente para un cuerpo cansado y unos músculos quemados. Mallas fuera. Falda fuera. Tacones fuera. Top fuera. Maquillaje fuera...¡piiruri!
 ¿Qué pasaba? ¿Por qué llamarían al timbre a estas horas? ¿No habría molestado a nadie, no? ¿Y qué hacer si era Vecino? ¡Ya estaba en interiores! Siendo de creencia musulmana, si abría así la puerta, probablemente espantaría al pobre. O peor...¡lo calentaría! No podía abrir así. Rápidamente cogí la falda y el top de la noche (sudor...¡ugh!) y corrí hacia la puerta. Aún llevaba las piernas al aire, pero al menos ya no estaba sólo en sujetador.
 Era Vecino.
 -¿Qué ocurre?
 -Por favor, no me malinterpretes pero...¿te gustaría que aún charlásemos un rato?
 ¡Qué riquiño era! ¡Y qué adorable! ¡Y qué...!

 -Lo siento, pero de verdad que estoy cansada. Llevo casi 24 horas despierta y me estoy cayendo del sueño. Además, en pocas horas vendrá un amigo a buscar unas partituras y necesito dormir aunque sea un rato hasta entonces. Espero que lo entiendas...¿tal vez otro día?
 Lo sentí mucho por el pobre chico pues, la verdad, parece muy majo. Pero ya estaba cerca del desmayo y, teniendo en cuenta lo que había pasado la última vez que no había sido capaz de parar, preferí decir que no. Por aquel entonces, también vivía una época en la que todos querían algo de mí a todas horas. Fui cediendo, una tras otra, hasta que acabé destrozada física y psicológicamente.
 Tal vez me equivoque, pero creo que ahora sé (o he tenido una vaga sensación de) lo que cuesta la fama.

lunes, 25 de marzo de 2013

Otra más...?

 No sé cómo supe que esta conversación no iba a dar nada bueno de sí. Estaba el sueño, claro. Ese sueño que me hizo sentir un vacío muy conocido y ya casi olvidado. O también pudo ser la intuición, algo tan extrañamente fiel, que todavía hoy me pregunto cómo sigue sin fallarme. Si es que ya lo veía venir...es como una serie policíaca de segunda (o tercera) clase, carente de toda intriga porque desde el principio está más que claro quién es el villano..
 ...sé quien es el mío. Y no me hace gracia. Pues, como dijo la muerte: quien huye de sí mismo, seguirá huyendo mucho tiempo.