(De nuevo el ambiente está cargado. Esta vez por la devolución del reciente control. Profe, valiente como nadie lo negará, intenta domarnos y seguir con un ritmo normal, dentro de lo que cabe. Es la hora del Contrapunto: imitaciones...)
U: (echando humo por la cabeza después de más de una hora de clase) Pues no sé dónde ves tú la imitación, Profe. Yo no lo entiendo...
S: ¡Ay! De verdad, U ¿cómo puedes tener tan poca...PERSPECTIVA MUSICAL?
jueves, 18 de noviembre de 2010
miércoles, 17 de noviembre de 2010
Martes, 9 de Noviembre, 5º GP - clase de ánalisis...
(Tras nuestro primer control en la nueva asignatura, las hormonas y la adrenalina están a flor de piel. Los comentarios vuelan por la clase: algunas caras reflejan triunfo, otras decepción y otras...)
Profe: (interrumpiendo) Bueno, ya está bien. Hay que seguir dando la clase, que sinó perdemos el ritmo. Ya vamos muy atrasados. A ver, las modulaciones, a veces, pueden determinar la forma de una obra, es decir, si es una sonata, etc. Si por ejemplo tengo cuarenta compases en Do M, cuarenta compases en La m, otros cuarenta en Fa M y, de nuevo, cuarenta en Do M, ¿qué es eso?
S: (horrorizado) ¡¡¡Eso es un horror!!!
(Risas)
(Profe comienza a hablar de armonía, ritmo armónico y otros detallitos preciosos que nuestros antepasados nos dejaron para hincar los codos en la mesa - o las manos en el piano, según se mire...)
Profe: ...aquí tendríamos Eb7...
X: (a mi lado y por lo bajo) ¡Tocado y hundido!
Yo: (por gracia o por desgracia la única que oyó el chiste) Pfff...jajaja!!!
S: Mira la otra, se ríe sola, más feliz ella...
(La clase se va descolocando a base de risas)
(Más tarde, Profe pasa a hablar de otros temas, cada cual más agradable...)
Profe: (refiriéndose a hechos históricos) ¿Cuándo se empezó a estudiar la Edad Media y el Gregoriano?
Yo: (creyendo que se refiere a cierto maestro de Historia de la Música, que sabe de todo excepto resumir) ¡Este curso!
(Desfase completo)
Profe: (interrumpiendo) Bueno, ya está bien. Hay que seguir dando la clase, que sinó perdemos el ritmo. Ya vamos muy atrasados. A ver, las modulaciones, a veces, pueden determinar la forma de una obra, es decir, si es una sonata, etc. Si por ejemplo tengo cuarenta compases en Do M, cuarenta compases en La m, otros cuarenta en Fa M y, de nuevo, cuarenta en Do M, ¿qué es eso?
S: (horrorizado) ¡¡¡Eso es un horror!!!
(Risas)
(Profe comienza a hablar de armonía, ritmo armónico y otros detallitos preciosos que nuestros antepasados nos dejaron para hincar los codos en la mesa - o las manos en el piano, según se mire...)
Profe: ...aquí tendríamos Eb7...
X: (a mi lado y por lo bajo) ¡Tocado y hundido!
Yo: (por gracia o por desgracia la única que oyó el chiste) Pfff...jajaja!!!
S: Mira la otra, se ríe sola, más feliz ella...
(La clase se va descolocando a base de risas)
(Más tarde, Profe pasa a hablar de otros temas, cada cual más agradable...)
Profe: (refiriéndose a hechos históricos) ¿Cuándo se empezó a estudiar la Edad Media y el Gregoriano?
Yo: (creyendo que se refiere a cierto maestro de Historia de la Música, que sabe de todo excepto resumir) ¡Este curso!
(Desfase completo)
martes, 16 de noviembre de 2010
Un domingo estupendo...
Ya se acercaba cada vez más el frío. Me di cuenta cuando, después de dejar las llaves en el escritorio de mi habitación, me saqué el anorak y las botas gruesas.
Había sido un día precioso: por la mañana mucho trabajo y concentración en coro (a pesar de ser domingo) y por la tarde aquel reencuentro tan maravilloso. Parecía cierto: cada vez que una puerta se cerraba o que algo en mi vida llegaba a su fin, aparecía una novedad. Esta vez había sido más bien un reencuentro con viejas amistades. Pero, a pesar de que era gente ya conocida, nunca había cerrado del todo ese capítulo. Este domingo tenía algo mágico. No supe decir si era por el Samaín, el reencuentro con viejos amigos o simplemente la lluvia que caía despacio y fría, cubriendo las calles cual fino manto de otoño.
¿Qué hacer primero? ¿Ponerme las zapatillas de danza? Pero...¿sin música? Enchufé el iPod a la mini-cadena (sí, aunque parezca mentira, no tengo altavoces propios para el pobre chico) y acto seguido la habitación se llenó de energía positiva. Nada más ponerme las zapatillas comencé a dar vueltas y vueltas, con los brazos abiertos, como si fuera a abrazar a alguien. Me sentía tan ligera que parecía que en cualquier momento iba a despegar y volar por los aires...
Canté alegremente, mientras mis pies seguían el ritmo de la canción. Sí, tal vez aún era una niña, pero al menos era humana, sabía lo que quería, me defendía y luchaba por ello. Y, lo más importante: era total y completamente feliz. ¿Qué más podía pedir?
Había sido un día precioso: por la mañana mucho trabajo y concentración en coro (a pesar de ser domingo) y por la tarde aquel reencuentro tan maravilloso. Parecía cierto: cada vez que una puerta se cerraba o que algo en mi vida llegaba a su fin, aparecía una novedad. Esta vez había sido más bien un reencuentro con viejas amistades. Pero, a pesar de que era gente ya conocida, nunca había cerrado del todo ese capítulo. Este domingo tenía algo mágico. No supe decir si era por el Samaín, el reencuentro con viejos amigos o simplemente la lluvia que caía despacio y fría, cubriendo las calles cual fino manto de otoño.
¿Qué hacer primero? ¿Ponerme las zapatillas de danza? Pero...¿sin música? Enchufé el iPod a la mini-cadena (sí, aunque parezca mentira, no tengo altavoces propios para el pobre chico) y acto seguido la habitación se llenó de energía positiva. Nada más ponerme las zapatillas comencé a dar vueltas y vueltas, con los brazos abiertos, como si fuera a abrazar a alguien. Me sentía tan ligera que parecía que en cualquier momento iba a despegar y volar por los aires...
Canté alegremente, mientras mis pies seguían el ritmo de la canción. Sí, tal vez aún era una niña, pero al menos era humana, sabía lo que quería, me defendía y luchaba por ello. Y, lo más importante: era total y completamente feliz. ¿Qué más podía pedir?
martes, 10 de agosto de 2010
Keep on rockin'...
El sol calentaba las tumbonas alrededor de toda la piscina y en la playa. Una ligera brisa suavizaba un poco la sensación de "polloenelhorno" que me mantenía paralizada y casi en coma bajo la sombrilla. Mi cerebro trabajaba a doscientos por hora (sorprendente, teniendo en cuenta las altas temperaturas). ¿Dónde estaba SG ahora? ¿Por qué no había aparecido anoche? Y, sobre todo: ¿qué era lo que pensaba de mí? Habría sido bonito verle otra vez antes de irme y charlar algo más que sobre zumos, refrescos y cocktails. El calor empezaba a abrumar mi cabeza, noté como mis pensamientos iban cada vez más deprisa y a la vez más desordenados. Imaginé a SG acercándose a mi tumbona en este preciso instante, llamándome por mi nombre (tal y como lo hacía siempre) y despertándome para despedirse de mí...
Abrí los ojos por enésima vez y miré a mi alrededor. Ví la piscina en la que tantas veces me había bañado (y peleado en los partidos de waterpolo) ví la playa en la que tantas tardes había jugado al volley y que ahora se estaba llenando de gente (¿cuántas noches había soñado con volver a ese sitio) recordé las horas de entrenamiento en el beach-house (y las inmensas cantidades de agua salada que tragué en mi primera lección de waterski) miré la montaña que habíamos escalado de madrugada para ver amanecer desde la cima con la capilla blanca, giré la cabeza a mi izquierda y ví el camino que subía a aquellas rocas desde las cuales tres locos habíamos visto aquel otro amanecer un sábado por la mañana después de una larga y muy divertida noche...¿cuándo podría ver de nuevo todo esto? ¿Dentro de un año...dos o incluso seis? ¿Habría una próxima vez?
Miré al frente, donde los pocos colegas que aún quedaban del grupo se sentaban en los sofás azules. Me fui levantando lentamente, siempre luchando contra aquella sensación de "polloenelhorno" que acompañaba a uno a todas partes (sí, incluso echaría de menos eso) y que ya formaba parte de mi vida cotidiana. Ahora no era momento de pensar en el futuro (es decir, si volvía o no) o en el pasado (como por ejemplo en SG). Ahora tenía que demostrar que no sólo sabía hablar Italiano o bailar un poco de salsa o leer algo en Griego. Tenía que pensar como lo hacía la gente del Sur. Recordé el graffiti que había visto en Matala: "Welcome to Matala...enjoy the present/today, tomorrow never exists" ¿no habían escrito eso? ¿Y qué me había dicho aquel chico griego bailando en el bar? "Keep on rockin' even if you don't like the music". Bueno, muy rockera nunca fui, pero si también se podía llevar a la práctica con el hip-hop o algo semejante, ¡lo mismo conseguía un buen resultado y todo! "Don't stress..." otra sabia frase de otra gran persona. Tenía que empezar a tomar nota de los griegos.
Estaba más que claro: no iba a pasar las últimas horas de mis vacaciones amargándome. Tenía que vivir el presente. Ya habría momentos para pensar en volver aquí cuando llegase a la calurosa y nublada ciudad de Madrid, o cuando pasásemos con el coche por Os Ancares, que tanto se parecían a las montañas de los Teletubbies de los verdes que eran. Sí, también me había acostumbrado a los paisajes secos donde lo único que florecía eran los olivos.
Iba a volver. Definitivamente. Y ahora...ahora iba a disfrutar a tope de lo que me quedaba para volver así con los mejores recuerdos a casa.
Abrí los ojos por enésima vez y miré a mi alrededor. Ví la piscina en la que tantas veces me había bañado (y peleado en los partidos de waterpolo) ví la playa en la que tantas tardes había jugado al volley y que ahora se estaba llenando de gente (¿cuántas noches había soñado con volver a ese sitio) recordé las horas de entrenamiento en el beach-house (y las inmensas cantidades de agua salada que tragué en mi primera lección de waterski) miré la montaña que habíamos escalado de madrugada para ver amanecer desde la cima con la capilla blanca, giré la cabeza a mi izquierda y ví el camino que subía a aquellas rocas desde las cuales tres locos habíamos visto aquel otro amanecer un sábado por la mañana después de una larga y muy divertida noche...¿cuándo podría ver de nuevo todo esto? ¿Dentro de un año...dos o incluso seis? ¿Habría una próxima vez?
Miré al frente, donde los pocos colegas que aún quedaban del grupo se sentaban en los sofás azules. Me fui levantando lentamente, siempre luchando contra aquella sensación de "polloenelhorno" que acompañaba a uno a todas partes (sí, incluso echaría de menos eso) y que ya formaba parte de mi vida cotidiana. Ahora no era momento de pensar en el futuro (es decir, si volvía o no) o en el pasado (como por ejemplo en SG). Ahora tenía que demostrar que no sólo sabía hablar Italiano o bailar un poco de salsa o leer algo en Griego. Tenía que pensar como lo hacía la gente del Sur. Recordé el graffiti que había visto en Matala: "Welcome to Matala...enjoy the present/today, tomorrow never exists" ¿no habían escrito eso? ¿Y qué me había dicho aquel chico griego bailando en el bar? "Keep on rockin' even if you don't like the music". Bueno, muy rockera nunca fui, pero si también se podía llevar a la práctica con el hip-hop o algo semejante, ¡lo mismo conseguía un buen resultado y todo! "Don't stress..." otra sabia frase de otra gran persona. Tenía que empezar a tomar nota de los griegos.
Estaba más que claro: no iba a pasar las últimas horas de mis vacaciones amargándome. Tenía que vivir el presente. Ya habría momentos para pensar en volver aquí cuando llegase a la calurosa y nublada ciudad de Madrid, o cuando pasásemos con el coche por Os Ancares, que tanto se parecían a las montañas de los Teletubbies de los verdes que eran. Sí, también me había acostumbrado a los paisajes secos donde lo único que florecía eran los olivos.
Iba a volver. Definitivamente. Y ahora...ahora iba a disfrutar a tope de lo que me quedaba para volver así con los mejores recuerdos a casa.
jueves, 25 de marzo de 2010
Estas son las mañanitas...(24.03.2010)
-Lavado y relax, por favor-dije nada más entrar por la puerta y colgar mi anorak negro de una percha.
-Espera unos minutos corazón, que están los lavabos todos llenos-contestó la mujer y se marchó para continuar a lo suyo.
Tomé asiento en uno de los sillones que había junto a unas mesas llenas de revistas femeninas. Noté un sentimiento repulsivo hacia todos aquellos montones de papel que sólo servían para acomplejar más y más a millones de personas y, lo peor era que sólo lo hacían por dinero.
-Ya puedes pasar, cielo-me puse la bata y me dirigí hacia los lavabos.
A mi izquierda una señora entretenía a sus alrededores contando toda su vida. Intenté dejar mi mente en blanco para relajarme. Cerré los ojos. Los volví a abrir. Suspiré. ¿Por qué rayos no conseguía desconectar un poco? En lugar de calmarme, me comía más la olla.
Mientras la peluquera me masajeaba suavemente la cabeza, mi mente trabajaba a 200 por hora. Aún tenía que avisar de que D. estaba mala, ocuparme de mi primera clase de H.M., corregir unas armonizaciones y mirar las dos obras de violín. Luego tenía que estudiar una obra de p.c. y la Cavatina di Norina de Donizetti para la audición esa de abril. Para colmo, el fontanero no había llamado ayer, así que hoy tocaba dejarle las cosas bien claras. Y creo que no hace falta comentar que tenía que hablar urgentemente y en privado con M.B., que esperaba noticias importantes de Mami, que seguía buscando un tema para el concurso y que tenía que aprenderme de memoria las obras para el concierto del viernes de Murajazz. Por no hablar de terminar los disfraces y buscar un regalo para Cc., cuya fiesta ya era el sábado.
Lo peor era que aún me sentía culpable por no haber llamado a Pat el pasado domingo. Claro que la conversación con P.D. fue de lo más importane y ya sé que él me necesitaba...pero le había dicho a Pat que lo llamaría y, aunque este probablemente no estuviese cabreado, había estado esperando en vano y eso me fastidiaba. Además, ¿no podría ser que esta vez también yo necesitaba a alguien a quien contarle lo que tanto me acojonaba?
-Ya puedes levantarte, cariño-la peluquera envolvió mi cabeza con una toalla y me acompañó a los asientos delante de los espejos para peinarme.
Volví a suspirar. Lo superaría. Todavía no sabía ni cuándo ni cómo, pero sabía que lo iba a conseguir. Ví mi rostro en el espejo y sonreí. "¡Claro que voy a seguir adelante! ¿Acaso no lo había conseguido ya miles de veces?"
-Espera unos minutos corazón, que están los lavabos todos llenos-contestó la mujer y se marchó para continuar a lo suyo.
Tomé asiento en uno de los sillones que había junto a unas mesas llenas de revistas femeninas. Noté un sentimiento repulsivo hacia todos aquellos montones de papel que sólo servían para acomplejar más y más a millones de personas y, lo peor era que sólo lo hacían por dinero.
-Ya puedes pasar, cielo-me puse la bata y me dirigí hacia los lavabos.
A mi izquierda una señora entretenía a sus alrededores contando toda su vida. Intenté dejar mi mente en blanco para relajarme. Cerré los ojos. Los volví a abrir. Suspiré. ¿Por qué rayos no conseguía desconectar un poco? En lugar de calmarme, me comía más la olla.
Mientras la peluquera me masajeaba suavemente la cabeza, mi mente trabajaba a 200 por hora. Aún tenía que avisar de que D. estaba mala, ocuparme de mi primera clase de H.M., corregir unas armonizaciones y mirar las dos obras de violín. Luego tenía que estudiar una obra de p.c. y la Cavatina di Norina de Donizetti para la audición esa de abril. Para colmo, el fontanero no había llamado ayer, así que hoy tocaba dejarle las cosas bien claras. Y creo que no hace falta comentar que tenía que hablar urgentemente y en privado con M.B., que esperaba noticias importantes de Mami, que seguía buscando un tema para el concurso y que tenía que aprenderme de memoria las obras para el concierto del viernes de Murajazz. Por no hablar de terminar los disfraces y buscar un regalo para Cc., cuya fiesta ya era el sábado.
Lo peor era que aún me sentía culpable por no haber llamado a Pat el pasado domingo. Claro que la conversación con P.D. fue de lo más importane y ya sé que él me necesitaba...pero le había dicho a Pat que lo llamaría y, aunque este probablemente no estuviese cabreado, había estado esperando en vano y eso me fastidiaba. Además, ¿no podría ser que esta vez también yo necesitaba a alguien a quien contarle lo que tanto me acojonaba?
-Ya puedes levantarte, cariño-la peluquera envolvió mi cabeza con una toalla y me acompañó a los asientos delante de los espejos para peinarme.
Volví a suspirar. Lo superaría. Todavía no sabía ni cuándo ni cómo, pero sabía que lo iba a conseguir. Ví mi rostro en el espejo y sonreí. "¡Claro que voy a seguir adelante! ¿Acaso no lo había conseguido ya miles de veces?"
miércoles, 3 de marzo de 2010
NEGRITO...
Probablemente creeréis que estoy loca por dedicarle una entrada a un violín. No os lo negaré, porque no puedo demostrar lo contrario, pero eso a mí me da igual, porque no es un violín normal del que voy a hablar. Negrito es mucho más que eso: es ... ¿cómo decirlo? Creo que lo mejor será empezar por el principio, como siempre.
A Negrito:
Desde el primer momento supe que iba a ser más que una simple experiencia. Nada más abrir el estuche, te descubrí bajo el paño en el que dormías. Luego te cogí en brazos, minuciosamente, como una madre coge a su primer hijo recién nacido. Tu color negro brillaba, a pesar de que no llevas ya mucha laca. Tu olor a madera (¿y un poco de acero?) tranquilizó todos mis sentidos hasta que nació una paz dentro de mí, que no sentía desde hacía tiempo, mucho tiempo. Tu cuello, tu caracola, tus efes, tu cuerpo ... todo en tí era diminuto, ligero y fino, como las manos o los piececitos de un bebé.
Acaricié suavemente tus cuerdas antes de coger el arco y tensarlo para tocar. Las primeras notas sonaron desafinadas, no esperaba otra cosa. Tardé una eternidad en afinarte, al menos a mí me lo pareció, no podía casi contener mis ansias de oírte. Finalmente tus cuatro cuerdas estaban más o menos afinadas, me levanté y te posé entre mi hombro izquierdo y mi barbilla.
Y entonces sucedió. La cabina estaba llena de música. Sonaron escalas, sinfonías, conciertos ... un poco de Paganini, un poco de Rosaura ... un fragmento de Bruckner, otro de Haydn ... de pronto ya no hubo notas desafinadas, ni arcos mal colocados, ni digitaciones fuera de lugar. Éramos uno y no hubo mejor forma de mostrarlo que la propia música que, desde lo más profundo de mi alma, llegaba hasta tu cuerpo y llenaba todo el espacio con amor y fuerza.
Pocas veces he vuelto a tener el placer de acariciar tus cuerdas con mi mano izquierda y posar mientras el arco sobre ellas. Despedirme de tí fue duro, pero tengo fe en la bondad de tu dueña, de modo que te esperaré con la paciencia de una niña enamorada. Y, mientras espero, dejaré que las últimas notas que escuché de tí me cubran y me envuelvan de felicidad.
A Negrito:
Desde el primer momento supe que iba a ser más que una simple experiencia. Nada más abrir el estuche, te descubrí bajo el paño en el que dormías. Luego te cogí en brazos, minuciosamente, como una madre coge a su primer hijo recién nacido. Tu color negro brillaba, a pesar de que no llevas ya mucha laca. Tu olor a madera (¿y un poco de acero?) tranquilizó todos mis sentidos hasta que nació una paz dentro de mí, que no sentía desde hacía tiempo, mucho tiempo. Tu cuello, tu caracola, tus efes, tu cuerpo ... todo en tí era diminuto, ligero y fino, como las manos o los piececitos de un bebé.
Acaricié suavemente tus cuerdas antes de coger el arco y tensarlo para tocar. Las primeras notas sonaron desafinadas, no esperaba otra cosa. Tardé una eternidad en afinarte, al menos a mí me lo pareció, no podía casi contener mis ansias de oírte. Finalmente tus cuatro cuerdas estaban más o menos afinadas, me levanté y te posé entre mi hombro izquierdo y mi barbilla.
Y entonces sucedió. La cabina estaba llena de música. Sonaron escalas, sinfonías, conciertos ... un poco de Paganini, un poco de Rosaura ... un fragmento de Bruckner, otro de Haydn ... de pronto ya no hubo notas desafinadas, ni arcos mal colocados, ni digitaciones fuera de lugar. Éramos uno y no hubo mejor forma de mostrarlo que la propia música que, desde lo más profundo de mi alma, llegaba hasta tu cuerpo y llenaba todo el espacio con amor y fuerza.
Pocas veces he vuelto a tener el placer de acariciar tus cuerdas con mi mano izquierda y posar mientras el arco sobre ellas. Despedirme de tí fue duro, pero tengo fe en la bondad de tu dueña, de modo que te esperaré con la paciencia de una niña enamorada. Y, mientras espero, dejaré que las últimas notas que escuché de tí me cubran y me envuelvan de felicidad.
lunes, 22 de febrero de 2010
RUMORES E INSEGURIDADES...
Por desgracia han vuelto desde que me enteré de ciertas cosas en la vida.Ciertas cosas que nunca habría sospechado que pasaran.Ciertas cosas que,por desgracia,todavía me cuesta asimilarlas.
Cuando tenía 12 o 13 años no era la persona que soy ahora.Cada día,desde que salía del autobús hasta que volvía a casa del instituto oía risas,comentarios,cuchicheos,críticas,bromas pesadas...sentía miradas sobre mí,miradas irónicas,miradas llenas de odio,miradas que sólo esperaban a que diera un paso en falso,tropezara y me cayese para poder volver a burlarse de mí...sufría empujones,patadas,persecuciones y demás agresiones y puñales...todos los días notaba cómo el miedo se apoderaba de mí y me bloqueaba de arriba abajo.Caminaba siempre directamente a donde tuviese que ir,mirando fijamente al suelo,ya por el pánico a las miradas,ya porque sabía que iba a haber alguien que intentaría ponerme la zancadilla.
No fue fácil pasar por aquello.Huía,me escondía del mundo y de todo lo demás,me encerraba en mí misma,tiritaba a cada paso que daba y lloraba más veces de lo que me gustaría admitirlo.Pero seguí luchando y avanzando,afferándome a la idea de que algún día iba a terminar todo aquello.
Siempre quise ser más fuerte.Quise tener el valor de caminar sin dudar de cada paso,cruzar un pasillo sin temblar por miedo a los comentarios,mantener la mirada firme ante tanta ironía,sacarme los puñales de la espalda sin derrochar sangre,encontrar la fuerza para mostrarme al mundo en lugar de huír...
Con el tiempo aprendí a contener las lágrimas.Ya no esquivo los golpes,los soporto.Ahora en lugar de llorar,río,en lugar de correr y huír en dirección contraria,camino hacia el peligro,en lugar de esconderme,me muestro al mundo tal y como soy,sin importarme los comentarios y las críticas,como si estuviera sorda para todo aquello.Los puñales ya no me duelen,o no llegan hasta mi corazón,porque ahora tengo un caparazón fuerte y duro.Un caparazón hecho de sufrimiento y lágrimas,dolor y miedo.Un caparazón que ahora me protege de toda aquella gente que sé que me va a hacer daño.
Cuando lo pasaba tan mal,deseaba que todo terminara.Deseaba encontrar a alguien que me quisiese y en quien pudiera confiar.Siempre creí que mi vida iba a ser más fácil si tuviese a esa persona a mi lado.Siempre confié en encontrar la felicidad una vez hubiera salido de mi escondite.
Ahora ya hace mucho tiempo que nadie me hizo sufrir tanto.Ahora,además de ya no tener que huír ni temblar,me he vuelto extrovertida.En gran parte se lo debo a la música,pero también es cierto que ahora por fin se cumplió mi sueño:tener a gente que me quiere a mi alrededor.Existen personas (además de mi familia,claro está) que de verdad me importan.Son sólo unas pocas,llegan y sobran los dedos de una mano para contarlas,pero confío plenamente en ellas y,si hiciese falta daría hasta mi vida por salvar la de cualquiera de ellos.Creo que rara vez fui tan feliz como con esta gente,sobre todo porque puedo ser yo misma sin que me juzguen de ninguna manera.Y es raro que confíe plenamente en alguien,porque hasta hace un tiempo no me fiaba ni de mi propia sombra.
Sin embargo,últimamente he vuelto a dudar.Siento que dentro de mí está volviendo una inseguridad que creía muerta,apagada,destruída.No sé exactamente qué hacer,ni si lo que hago es correcto.Tengo la sensación de que de nuevo alguien está esperando a que de un paso en falso y me caiga para reírse descaradamente de mí.O quizá debo contar con que próximamente me clavarán un puñal de los gordos y por la espalda.Realmente no me molestaría ninguna de las dos cosas y menos ahora que ya estoy acostumbrada.
Entonces,¿por qué ese miedo?¿Por qué esa inseguridad?¿No se suponía que ya había superado todo aquello?Y,la pregunta que más me quitó el sueño en las últimas noches:¿desde cuándo me importa lo que piensa u opina la gente de mí?La respuesta es simple:hace unos años sabía quién me iba a hacer daño.La gente que me rodeaba me lo hacía notar en todo momento.No tenía a nadie pero,gracias a eso,tampoco tenía nada que perder.Sabía que todo el mundo estaba en mi contra y lo tenía asumido.Por lo contrario,cuando amamos somos más vulnerables.Ahora que existen unas pocas personas que me importan,lo único que quiero es importarles,significar algo para ellas,estar tan presente en su vida,como ellas en la mía,pertenecer a los suyos.Y ahí está el fallo:duele más el desprecio de un estimado amigo que cualquier puñal clavado por un idiota del que ya me lo esperaba.
Hace unos años creía que todo iba a ser más fácil si tuviera amigos que me quisieran.
Ahora que los tengo,creo que mi vida sería más sencilla y segura si todo el mundo me odiase.
Cuando tenía 12 o 13 años no era la persona que soy ahora.Cada día,desde que salía del autobús hasta que volvía a casa del instituto oía risas,comentarios,cuchicheos,críticas,bromas pesadas...sentía miradas sobre mí,miradas irónicas,miradas llenas de odio,miradas que sólo esperaban a que diera un paso en falso,tropezara y me cayese para poder volver a burlarse de mí...sufría empujones,patadas,persecuciones y demás agresiones y puñales...todos los días notaba cómo el miedo se apoderaba de mí y me bloqueaba de arriba abajo.Caminaba siempre directamente a donde tuviese que ir,mirando fijamente al suelo,ya por el pánico a las miradas,ya porque sabía que iba a haber alguien que intentaría ponerme la zancadilla.
No fue fácil pasar por aquello.Huía,me escondía del mundo y de todo lo demás,me encerraba en mí misma,tiritaba a cada paso que daba y lloraba más veces de lo que me gustaría admitirlo.Pero seguí luchando y avanzando,afferándome a la idea de que algún día iba a terminar todo aquello.
Siempre quise ser más fuerte.Quise tener el valor de caminar sin dudar de cada paso,cruzar un pasillo sin temblar por miedo a los comentarios,mantener la mirada firme ante tanta ironía,sacarme los puñales de la espalda sin derrochar sangre,encontrar la fuerza para mostrarme al mundo en lugar de huír...
Con el tiempo aprendí a contener las lágrimas.Ya no esquivo los golpes,los soporto.Ahora en lugar de llorar,río,en lugar de correr y huír en dirección contraria,camino hacia el peligro,en lugar de esconderme,me muestro al mundo tal y como soy,sin importarme los comentarios y las críticas,como si estuviera sorda para todo aquello.Los puñales ya no me duelen,o no llegan hasta mi corazón,porque ahora tengo un caparazón fuerte y duro.Un caparazón hecho de sufrimiento y lágrimas,dolor y miedo.Un caparazón que ahora me protege de toda aquella gente que sé que me va a hacer daño.
Cuando lo pasaba tan mal,deseaba que todo terminara.Deseaba encontrar a alguien que me quisiese y en quien pudiera confiar.Siempre creí que mi vida iba a ser más fácil si tuviese a esa persona a mi lado.Siempre confié en encontrar la felicidad una vez hubiera salido de mi escondite.
Ahora ya hace mucho tiempo que nadie me hizo sufrir tanto.Ahora,además de ya no tener que huír ni temblar,me he vuelto extrovertida.En gran parte se lo debo a la música,pero también es cierto que ahora por fin se cumplió mi sueño:tener a gente que me quiere a mi alrededor.Existen personas (además de mi familia,claro está) que de verdad me importan.Son sólo unas pocas,llegan y sobran los dedos de una mano para contarlas,pero confío plenamente en ellas y,si hiciese falta daría hasta mi vida por salvar la de cualquiera de ellos.Creo que rara vez fui tan feliz como con esta gente,sobre todo porque puedo ser yo misma sin que me juzguen de ninguna manera.Y es raro que confíe plenamente en alguien,porque hasta hace un tiempo no me fiaba ni de mi propia sombra.
Sin embargo,últimamente he vuelto a dudar.Siento que dentro de mí está volviendo una inseguridad que creía muerta,apagada,destruída.No sé exactamente qué hacer,ni si lo que hago es correcto.Tengo la sensación de que de nuevo alguien está esperando a que de un paso en falso y me caiga para reírse descaradamente de mí.O quizá debo contar con que próximamente me clavarán un puñal de los gordos y por la espalda.Realmente no me molestaría ninguna de las dos cosas y menos ahora que ya estoy acostumbrada.
Entonces,¿por qué ese miedo?¿Por qué esa inseguridad?¿No se suponía que ya había superado todo aquello?Y,la pregunta que más me quitó el sueño en las últimas noches:¿desde cuándo me importa lo que piensa u opina la gente de mí?La respuesta es simple:hace unos años sabía quién me iba a hacer daño.La gente que me rodeaba me lo hacía notar en todo momento.No tenía a nadie pero,gracias a eso,tampoco tenía nada que perder.Sabía que todo el mundo estaba en mi contra y lo tenía asumido.Por lo contrario,cuando amamos somos más vulnerables.Ahora que existen unas pocas personas que me importan,lo único que quiero es importarles,significar algo para ellas,estar tan presente en su vida,como ellas en la mía,pertenecer a los suyos.Y ahí está el fallo:duele más el desprecio de un estimado amigo que cualquier puñal clavado por un idiota del que ya me lo esperaba.
Hace unos años creía que todo iba a ser más fácil si tuviera amigos que me quisieran.
Ahora que los tengo,creo que mi vida sería más sencilla y segura si todo el mundo me odiase.
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